Una medalla para Ucayali
- Valery Zelene Fachin Torres
- 5 jul 2023
- 3 min de lectura
¿Alguna vez sentiste la adrenalina de cargar grandes pesos? ¿experimentaste tener
moretones en los hombros gracias a la pesada barra que golpea en la clavícula? Ella lo
siente a diario. Su nombre es Leyla Berriera, la primera adolescente ucayalina que, a sus 14
años, logró obtener el segundo puesto en la competencia nacional de halterofilia en la
categoría sub 17.
De tez clara, ojos oscuros y metro setenta, nadie pensaría que esta delgada adolescente
sería una de las más fuertes ucayalinas. Desde los 6 años su padre “Don Abel” es quien la
entrena en esta exigente disciplina deportiva.
Al ser hija del entrenador, Leyla siempre sintió la presión de hacer las cosas bien, queriendo
destacar en todo momento. Cuando tenía 12 años, cargó sus 30 primeros kilogramos, no
quiso detenerse. Y su padre tampoco. Él solía exigirle más que a otros.
Desde los 6 años entrenando, y con un padre entrenador, Leyla siempre sintió la presión de
hacer las cosas bien. Cuando tenía 13 años, la presión aumentó.
Su padre solía exigirle que aumente sus récords personales, que pueda dar lo mejor de sí,
pero, se quedó estancada.
Los otros atletas la miraban con lástima mientras escuchaban los gritos de ‘Don Abel’. “Eres
una inút”, “¿Tanto tiempo entrenando y no logras superar tu récord?”.
Ella, avergonzada, no quería ir a entrenar más.
Aquellas palabras le dolían y sufrió bastante por ello. Era tanto que no sentía ni fuerzas para
levantar una barra vacía, sin discos. Quería dejar la halterofilia, aunque eso signifique más
críticas de parte de su padre.
Buscando miles de excusas, y con lágrimas en los ojos, le dijo a su mamá que ya no quería
continuar entrenando. Su mamá, Rocío, la vio y simplemente la abrazó. Le dijo que sería su
decisión.
Es así como dejó de asistir a los entrenamientos, poniendo de excusa sus trabajos del
colegio. “Me siento tranquila”, alegaba ella. “Tengo más tiempo para mí”. Estaba feliz porque
ya no escuchaba los gritos de su papá.
Lo extrañó
Poco a poco, sus manos volvían a sentirse suaves. Los callos producto de la barra iban
desapareciendo poco a poco. Se sentía una “persona normal”, pero sentía una ausencia.
Extrañaba el estruendo de los discos chocando abruptamente el piso, el olor del talco
mezclado con el sudor entre sus dedos.
Era inevitable para Leyla no pensar en aquel pequeño lugar en donde tres baldosas de
caucho amortiguaban los golpes de sus zapatillas al realizar aquellos movimientos
olímpicos.
No lo soportó más y, tragándose su orgullo, un día apareció en aquel pequeño salón. Sin
mirar a nadie, subió a uno de esos pisos de caucho y comenzó a calentar. los atletas
miraban con sorpresa a la delgada muchacha, incluso su padre. En silencio, solo la
observó.
Luego de mover las muñecas por unos minutos, inició a practicar la técnica de los
movimientos olímpicos. Al hacer el envión sintió que recuperaba la vida. Sin duda, era el
movimiento que más amaba.
Es fuerte
Entrenó durísimo. Y, poco a poco, sin darse cuenta, fue mejorando su récord anterior. Así,
un año después, su padre, “Don Abel” le dijo que participara en su primera competencia a
nivel nacional.
Era inevitable que sintiese los nervios. Solo aceptó. En aquella competencia, en la última
ronda que la coronó con aquella medalla de plata, levantó unos pesados 70 kilogramos en
envión. Solo recuerda que cerró los ojos, tomó aire y dejó que su cuerpo se moviera solo.
Cuando soltó la barra y escuchó el pitido del jurado que le indicaba un levantamiento válido,
lloró de emoción.
Pero no era todo. Tocaba el snatch. Para ella, lo más difícil. No se arriesgó. Solo fueron 45
kilogramos los que levantó.
Con una suma de 115 kilogramos, fue la primera ucayalina que se paró en el podio a nivel
nacional. Solo recuerda la sonrisa de su padre, quien la miraba con orgullo.
Ahora Leyla sigue entrenando, y se prepara para su próxima competencia que será dentro
de dos meses. Quién diría que aquella delgada adolescente, de tan solo 14 años, sería tan
fuerte.






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