El Sanda al son de un sueño
- Dulce María Nayeli Arzapalo Vera
- 5 jul 2023
- 3 min de lectura
Para un niño de 12 años, flaquito como un mondadientes, pequeño como un buñuelo, pero
con una disciplina más grande que siete osos juntos, fue difícil imaginarse un mundo en el que
haga un deporte tan fuerte como el Kung Fu, mucho menos desempeñarse en la rama de
Sanda, en el que se mezcla varias artes marciales. Este es Joseph Jezrael Huarca Hernández, un
hombre que decidió mutar para salir a flote en el Kung Fu.
Huarca no quería entrar a este deporte en un inicio, su objetivo iba más allá de solo tener un
buen físico. Necesitaba la beca deportiva que otorgaban las universidades para lograr estudiar,
quizás poder ser el primer universitario de su familia y cambiar ese paradigma que tanto lo
acomplejaba. No confiaba en él, era un tipo sin ninguna ilusión a entrenar, pero, lo movía el
sueño de lograr ser un gran psicólogo y no ser un “don nadie”.
El Kung Fu llegó a su vida como una ráfaga de huracanes juntos, solo bastó conocer a Emilio
López, profesor de este arte en una reunión familiar en su casa ubicada en Jesús María , tener
una conversación con él, para que se decidiera por incursionar en el deporte que nunca pensó
entrar por su estatura y peso. Aún recuerda las palabras que le dijo ese hombre aquel día : “ Si
solo te quedas en lo que sabes hacer, estas cerrando puertas a lo que puedes lograr ser más
adelante”. Solo bastó un segundo para que la mentalidad de Joseph cambiará por completo.
Más que un deporte
“Si no eres buena persona, no entres al Kung Fu” , menciona Joseph con una mirada serena
mientras recuerda todo el trayecto que vivió para lograr convertirse a sus 17 años en el
campeón internacional de Sanda en Uruguay. Dos meses de entrenamiento exhaustivo, en la
que rendirse es un delito, una dieta exigente en aumento de masa muscular, largas horas de
preparación física, pero sobre todo mental. No hay día en que Joseph no realice una
autoexploración desde adentró de el, dos horas de reflexión en la que llorar era costumbre
como si de una rutina se tratara.
A la hora de competir, Joseph recuerda que un artista marcial tiene control de sus emociones,
en el ring, la agresividad y el descontrol son dos hoyos negros que sentencian al jugador al
purgatorio de los olvidados. Más que una pelea, es un baile con una técnica formidable de 30
minutos en las que los brazos y piernas deben bailar al son de una misma melodía letal en la
que esta prohibido dar un mal paso. Joseph se sabía tan bien esta danza marcial que pareciera
como si lo tuviera impregnado en cada parte de su cuerpo desde el nacimiento.
Pasaron cinco años para que Joseph a sus 22 años, deje a un lado las competencias, mas no el
camino del puño. Con el apoyo de otros deportistas y con el objetivo de dar oportunidades a
nuevos aspirantes del deporte que no tiene ayuda económica, creo una fundación de clases de
Muai Thay, Taekwondo y Kung Fu en el distrito de Rímac, sin ningún costo. Lamentablemente
Joseph recuerda que en el Perú, solo hay apoyo para el deportista que practique el deporte
más cotizado en el mundo comercial, el fútbol. Es por eso que, cada día, Joseph Huarca entra
en un reto constante de superación fortuita, en el que rendirse no es una opción, un emblema
andante en donde el puño y mente entra en una sinfonía perfecta para dar pase al son de la
Sanda.





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